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DIONISIO LAGUÍA
LA HORDA
SfOVBLA EN ACCIÓN
Inspirada en la del mismo título de
DON VICENTE BLASCO IBAÑEZ
en prosa y un acto, dividido cu cuatro cuadros
MÚSICA DEL MAESTRO
RAFAEL CALLEJA
4MM
Copyright, by Dionisio Laguía, 1913
SOCIEDAD DE AUTOKES ESPAÑOLES
Núftez de Balboa, 12
1913
i
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in 2013
http://archive.org/details/lahordanovelaena2838call
IyA HORDA
Esta obra es propiedad de su autor, y nadie po-
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en
España ni en los países con los cuales se hayan cele-
brado, ó se celebren en adelante, tratados internacio-
nales de propiedad literaria.
El autor se reserva el derecho de traducción.
Los comisionados y representantes de la Sociedad de
Autores Españoles son los encargados exclusivamente
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duction reserves pour tous les pays, y compris la Sué-
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Queda hecho el depósito que marca la ley.
LA HORDA
NOVELA EN ACCIÓN
INSPIRADA EN LA DEL MISMO TÍTULO DE
DON VICENTE BLASCO IBAÑEZ
en prosa y un acto, dividido en cuatro cuadros
POE
1DIONISIO IiAGUI
música del maestro
\
RAFAEL CALLEJA; /^W
estrenada en el TEATRO DE NOVEDADES de Madrid, la
noche del 14 de Febrero de 1913
•#-
MADRID
'*t ▼BLASCO, IKP., MARQUÉS OK SANTA ANA, 11 DÜP.°
Jsiéfono número 561
1913
«$ mi madre.
AGRADECEMOS:
A todos los intérpretes de la obra, Su me-
ritisima labor, que realzó lo por nosotros
pensado; á Antoñito García Ibáñez, su inte-
ligentísima dirección; á la Empresa, su in-
condicional apoyo; á los escenógrafos Gayo
y Ripoll, su decorado; á la notable profesora
Amalia Monroc, sus aplaudidos bailes; á Ca-
yito Vela, con un abrazo muy fuerte, exten-
sivo á sus profesores de orquesta y á los in-
térpretes de la película, perdonando aquel día
de campo, con tantas molestias. Un abrazo
muy fuerte para todos.
Qaííeja. — Laguía.
advertí M05:
Que los gitanos que figuran en el cuadro
mímico y «zambra» son de época, muy vis-
tosos, de pandereta. Dejamos este detalle y
los demás de la obra, al criterio de los seño-
res Directores, y... agradecidos.
Sos yíutores.
REPARTO
PERSONAJES
ACTORES
FELICIANA Seta. Farinós.
MARIPOSA Sea. Senea.
TEODORA Seta. Alvabez.
BORRACHA Sea. Alcázar.
ANTONIA Seta. Opellón.
ISIDRO MALTRANA Se. Romebo.
ZARRATÜSTRA Codoeniú.
MANOLO EL FEDERAL. . „ Lloeens.
HERMANO VICENTE Mata.
NOGUERAS Mata.
COLETA Gómez.
EL BOBO Alabes.
EL MOSCO Gallo.
UN CAMARERO , Salas.
UNO Toha.
OTRO Sal a s.
Traperas, traperos, máscaras y coro general
ESCENA MÍMICA
REPARTO
LA MADRE DE LA NOVIA. Srta. Otero.
LA NOVIA Alvarez.
EL PADRE DE LA NOVIA. Sr. García. Ibáñez.
EL JEFE DE LA TRIBU.... CodorniÚ.
EL NOVIO Romero.
CAÑÍ 1.° Gómez.
ÍDEM 2.° Mata.
669313
GITANO 1." Sr. Gallo.
ÍDEM 2.o ■.:. Alares.
ÍDEM 3 o Srta. Quirós.
ÍDEM 4.° Sr. Salas.
ÍDEM 5.°..,.... Yega.
ÍDEM 6o v. Toha.
GITANA 1.a. Srta. Alba.
ÍDEM 2.s Ceilles.
ÍDEM 3.a , Opellón.
ÍDEM 4.a Povedano.
ÍDEM 5.a Lola.
ÍDEM 6.a , . Angeltta.
Lia acción en Madrid. —Época actual
Derecha e izquierda, las del actor
¿MJMM:
ACTO ÚNICO
CUADRO PRIMERO
Barrio trapero situado en el de Bellasvistas. En primer término iz-
quierda una miserable casuea habitada por traperos. En primero
derecha un banco rústico y en tercero, al centro de la escena,
otro. Decoración á todo foro. Es domingo de Carnaval á media
tarde. Mucha luz en escena.
ESCENA PRIMERA
MARIPOSA, ZARRATUSTRA y el BOBO, sentados en el suelo á la
puerta de la casuea del primero izquierda, remendando una vieja
alfombra. COLETA subido en el banco del tercer término centro y
rodeado á regular distancia del CORO general, que representa los
traperos del barrio (vestidos pobremente, pero sin andrajos). Ocul-
tan aquellos, hortalizas variadas, que durante el número musical
arrojan al Coleta, bromeando al principio, enfadándole después y
siempre con gran algazara y bullicio, motivada por la popularidad
curdesca del trapero. La BORRACHA, digna consorte del Coleta, al
principio derecha, luego durmiendo en el banco de la primera de-
recha
Música
Coro Coleta, borracho,
perdido, truhán,
que bebes el vino
y no comes pan.
— 12 —
Eres un cogorza
que el día te estás
durmiendo la mona;
granuja, holgazán.
Col. Sois unos bocazas
que habláis por hablar,
porque mis cogorzas
envidias sus dan.
CORO (Bailando a su alrededor.)
Qué risa, Coleta,
qué risa nos das;
miá qu'eres gracioso,
¡Ja!... ¡ja!.,, ¡ja!... ¡ja!... ¡ja!.
Que baile Coleta,
borracho, holgazán;
que baile, que baile,
que vuelva á bailar.
(Tirándole hortalizas.)
¡Ahí va!... ¡ahí va!...
i ¡ahí va!... ¡ahí va!...
Recitado
COL. (Como general que arenga á sus vasallos.) ¡Bien es-
tán esas palabras!... Bien está que me pocla-
meis el trapero más acreditao por sus cogor-
zas en Cuatro Caminos y Bellasvistas, pero
no sus dejéis de llevar por el entusiasmo, y,
sobre tó, que no envuelvan vuestras pala-
bras tronchos de repollo, tomates en estado
putrefazto, ú algún otro de los enseres de la
vida doméstica, que á más de manchar la
ropa, lastiman la dermis y la epidermis...
He dicho...
UNO (A tiempo que le tira algo.) ¿Y qué es e.SO de la
dermis, Coleta?... (Todos ríen.)
Col. (Menos orador.) Eso quié decir, que como me
infléis la pacencia y me olvide de que soy un
héroe popular, bajo del pedestal... (ün certero
golpe del Otro le derriba.) bajo del pedestal, pa
insultar al ser de vuestras familias que más
en aprecio tengáis... (Todos se indignan con el
Coleta y tirándole hortalizas y él persiguiéndolos enfa-
dado, hacen mutis por distintos lados del foro mien-
tras cantan.)
- 18
Cantado
Coro Coleta, borracho,
perdido, truhán,
cogorza, guripa,
granuja, holgazán.
(Coleta les persigue hasta el mutis y luego vuelve ja-
deante á donde están Mariposa y Zarratustra.)
Hablado
Mar . ; Al pobre Coleta le van un día á volver loco.
Zar. Es demasiado bueno, y en este mundo al
que se hace de miel, las moscas se lo comen.
Mar. No les hagas caso.
Col. Eso estaría bueno cuando el pueblo se con-
tentase con hablar.
Zar. Y ¿qué es lo que ha hecho y hace el pueblo-
siempre?... ¡hablar!... ¡por eso estamos así!...
Col. Pero yo no tengo la culpa, tío Zarratustra.
Bor. No te emborraches, ¡cogorza!...
Col. Este es el desenrollo de un criterio popular.
Bor. ¡Curda!...
Col. ¡Calla, atrofia!... (a zarratustra.) Aquí tié usté
explicao el proselitismo de la mujer. Esta,
que vamos al decir, está ahora de tanda pa
hacer el completo de la fusión animal con
mi persona, es una media naranja que m'ha
salió agria; le hinco el diente y no saco más
que dolor de tripas.
Zar. (Riendo.) ¡Échale azúcar!
Col. Lo que hago es echarla en vino y así con
mucho trabajo la puedo pasar.
Bor. ¡Borracho!...
Col. Yo tengo azmiradores de posibles y siempre
hay un medio chico pagao pa el Coleta; ésta
que no es un ser popular se tié que confor-
mar con las cortinillas y gracias...
Bor. ¡Curda!... ¡Cogorza!...
Col. (ai Bobo.) ló envidia; ¿verdá, Bobo?
Bobo (como idiota que es.) ¡Je!... ¡je!... ¡Bueno!...
Col. (á zarratustra.) Otro celebro con atrofia.
— 14 —
ESCENA II
DICHOS y MALTRANA
Mal. (Por la primera derecha.) ¡Salud á los industria-
les de la busca!
Mar. (Levantándose muy contenta.) ¡Isidrín!... ¡Nieto de
mi alma!...
Mal. ¡Abuela!
Mar. Te daría un abrazo, pero temo mancharte.
Mal. (Abrazándola.) ¡Apriete, abuela!
Zar. ¡Hola, Isidrico!... Perdona que no me levan-
te, pero es que estas piernas...
Mal. Malo es eso para gozar de la luna de miel...
Mar, ¡Como te burlas!...
Mal. Bien poco tiempo hace que se casaron us-
tedes.
Mar. Ya hace tres meses. Le hice cara cuando me
habló, en vista de que era formal y no venía
pa perder el tiempo.
Zar . Con eso cumplí la voluntad de mis cinco
difuntas que me dijeron: «Que no dejes de
casarte.»
Mal. ¿Y qué me dice usted, abuela, de su famo-
so tesoro?
Mar. (Fingiendo asombro.) ¿También eres tú de los
que creen en esas tonterías?
Zar . Como cree tó el mundo.
Mar. ¡Pobre de mí!... ¡Chismes del barrio!
Col. Con el tesoro que tié la tía Mariposa se pue
comprar tó el Madrí.
Zar. ¡Calla, borracho!... ¡hablador!...
Mal. ¿Qué hay, Coleta?
Ool. Domingo Rivero, alias Coleta, servidor de
usted.
Mal. Qué, ¿se saca para comer?...
Col. Yo apenas como; por eso no cojo esas co-
gorzas del populacho. A mí déme usté vino
sea blanco ó negro, y mlia dao usté alegría,
salú y displomacia.
Mar. ¿Tienes apetito, Sidrín? ¿Te hago merienda?
Mal. Voy á merendar con el Mosco.
Mar. A comer cachuelas, ¿eh?
Mal. Hoy vas de gala, Zarratustra,
— 16 —
■Zar. El amor de la mujer vive mientras dura la
ilusión, y pa que no se venga á tierra tié el
hombre que conservarla, y eso es lo que
yo hago; así tu abuela se fija en mí y mien-
tras tanto no se fija en otro.
Mal. ¿No ibas antes á la busca vestido de pere-
grino?
Zar . Sí, pero tuve que quitarme el traje porque
me seguían los chicos y me renegaban los
guindillas. ¿Y por qué, señores míos? Pere-
grinos somos tóos durante nuestra vida. Pe-
regrino es el Rey, que necesita para vivir
de lo que el pueblo le da; peregrino es el
rico, que vive de lo que el pobre trabaja, y
peregrinos los medianos que viven de lo que
sobra á los ricos, y no digo los de abajo
porque es feo... No hay criatura de Dios que
esté abajo; abajo sólo están los animales...
Mal, ¡Bien hablado, Zarratustra! ¡Qué gran filóso-
fo eres!
Zar. ¿Qué es el pogreso? Dende que tengo razoci-
nio he visto al señor de Bravo Murillo traer
las aguas á Madrid y saltar el Lozoya
por primera vez en la antigua taza de la
Puerta del Sol; el fielato de Cuatro Caminos
lo he conoció en la Glorieta de Bilbao; donde
tuve yo mi primer barraca hay ahora un
gran café; donde ahora tó es asfalto y luz
elértrica, he visto correr los conejos, y á tó
esto la villa ensanchándose poco á poco y
dándonos con el pie á los pobres pa que nos
fuésemos más lejos, como si apestásemos.
Si á esto le llaman pogreso, ¿por qué no es
iguala tóos?... El hambre y la miseria no
pogresan, no.
Bobo ¡Je!... ¡jé!...
Zar. (Á isidro.) Es el Bobo.
Mar. Vamos á merendar, Sidrín, ya que tú no
quiés ná de probes. ¡Tú, Bobo!...
Zar. (Levantándose.) ¡Estas piernas!... El estómago
y la cabeza rigiendo, pero el reuma... ¿Quie-
res merendar, Isidrillo?... (se coge ai Bobo.)
Mal. Que aproveche.
(Mutis Mariposa, Zarratustra y Bobo por la casa iz-
quierda.)
C¡OL. (Por la Borracha, que se ha dormido.) Aquí tié
— 16 —
usté un ser con atrofia, ú lo que es lo mis-
mo, con merluza congestiona. Esta, mi se-
ñora, es tó lo contrario que un servidor.
Come mucho y bebe poco, y por esto da
este cuadro plástico de cogorza indecente.
¡Esto denigriaf... (Dándola golpes.) ¡Austreveiv
ta!... ¡Austreverta!... ¡Borracha!...
BoR. (Hablando al levantarse aún dormida.) Tres puche-
ros de cocí... uno de revuelto... mediu saco
de mendrugos...
Col. (Dándola una patada que la obliga á hacer mutis por
la derecha.) ¡Arza p' alante! ...
Mal. ¿Soñaba?...
Col. ¡Delirios de grandeza! (Mutis derecha.)
ESCENA III
MALTRANA y MANOLO EL FEDERAL , por la derecha
Man. ¡Hola, ciudadano!...
Mal. ¡Salud, señor Manolo!...
Man . El Federal, así me llaman.
Mal. ¿Cómo anda el cuarto Estado?
Man . Algo roto. Hay tormenta en la amósfera me-
tálica y la gente tiene pocas ganas de papel.
Mal. ¿Y la oficina?
Man. Con mi oficio de repartidor de periódicos,
siempre abierta. Cuando quieras que consu-
mamos un turno, ya sabes el domecilio de
mis ofecinas. Puerta del Sol, toa la acera
de la botica de Borreli; horas, de cinco á
Ocho de la mañana, aunque lluevan chuzos
de punta. Hay instalación elértrica y de gas
y calefación en verano.
Mal. ¿Y los asuntos diplomáticos?
Man. Sin adelantar nada. A mí me se perjudica
con no sacar los periódicos dos horas más
tarde; pues he querido consumir un turno
en pro, pero como uno no es letrado, le oje-
tan el argumento y le fastidian.
Mal. Otra cosa sería de España si hubiera nn>
chos federales como usted.
Man . ¿Ves tú que el Comité y los correligionarios
tién dispuesta la división de España en
- 17 —
catorce Estados? Pues yo fraternizo con
todos.
Mal. ' Eso está bien, señor Manolo.
Man. Ayer, estando en mi ofecina, se acerca un
cliente extranjero. En cuanto supe que era
de Reus le dije: el Estado catalán ha pac-
tado con el de Castilla, y nosotros nos to-
mamos medio chico, como buenos ciudada-
nos confederados.
Mal. ¿Y nosotros?...
Man. Vamos á presentar una moción en la tasca
más próxima; pero pido la palabra... (Metien-
do mano al bolsillo.)
Mal. (La misma acción.) Estoy yo en el USO.
MAN. Consumiremos dos turnos. (Mutis ambos de-
recha.)
ESCENA IV
El MOSCO, por la tercera izquierda, y á poco FELICIANA
en traje de máscara
MOSCO (Á gritos mientras mira por distintos lados.) ¡Feli-
ciana!... ¡Feli!... ¡Feli!...
FEL. (Dentro.) ¡Va!... (Aparece corriendo.)
Mosco (Reprensión cariñosa.) Vamos, mujer, que bue-
no está lo bueno; bien que te diviertas, pero
no hay que echar en olvido la obligación.
FEL. (Disculpándose con una caricia.) ¿Qué quiere mi
padre? Está usté enfadao?... ¿Y conmigo?...
Mosco ¿Pero tú no te acuerdas de que hoy es do-
mingo?
Fel. Y de Carnaval, sí señor.
Mosco ¿Y á quién tenemos invitaos á comer ca-
chuelas?
Fel. A Isidro, el nieto de la tía Mariposa, y á tío
Manolo.
Mosco ¡Pues sí que te acuerdas!
Fel. ¡Ya lo creo!... Voy á guisarlas.
Mosco No hace falta. Al cazador del Pardo, al céle-
bre Mosco no hay que enseñarle cómo se
guisan las entrañas de conejo. De lo que se
trata es de que des una vuelta por los aire-
- 18 —
dedor'es y avises á los interfectos de que las
cachuelas esperan.
FEL. Está bien, padre. (Mutis Mosco izquierda.)
(Feliciana hace mutis por la primera derecha)
Música
(Con el número, aparecen por el foro derecha con gran
algarabía, las traperas y traperos disfrazados, capita-
neados por el Coleta y llevando entre varios un pelele
que mantean.)
CORO (Dentro.)
¡A la una! ¡A las dos! ¡A las tres!
(Salen á escena corriendo.)
Tenemos un pelele-
de gran postín,
que atiende por el nombre
de don Crispín;
este pobre pelele
va mu bien vestío,
lo gasta todo en ropa
y está muerto de frío.
Miren este pelele
que es un gran señor
y tiene la barriga
lo mismo que un tambor.
] A la una! ¡A las dos! ¡A las tres!
(Lo tiran al alto y lo recogen. Los demás, mientras los
otros mantean al pelele, bailan á su alrededor.)
Tenemos un pelele
de gran postín,
con pantalones rotos
y un calcetín.
(Vuelven á mantearle con gran algazara.)
¡Arriba, pelele!
¡ Arriba don Crispín!
Col. Dejemos al pelele
y vamos á bailar
el Tuesten, que es un baile
traído del Trasved.
Bailadlo con decencia
y con el baile este,
si alguno se encandila
que nunca llegue al tueste...
Todos i A bailar!. . ¡A bailar!...
— 19 —
el Tuesten que es un baile
de Taita sociedá.
(l) (Bailan seis ú ocho parejas y el resto del Coro, se
loca en el foro sentando al pelele en el centro.)
ESCENA V
FELICIANA con la careta puesta dando broma á MALTRANA y MA-
NOLO EL FEDERAL, que, como ella, salen por la primera derecha.
Las máscaras de escena rodean á unos y á otros aturdiéndoles con sus
gritos y bromeando
Hablado
Man. ¡Haiga orden!... ¡Cómo se divierte el cuarto
Estado!...
Fel. (a Manolo.) ¿Qué haces que no vas á comer la
merienda en cá tu hermano el Mosco?
Man. ¡Ciudadana! Seas guapa ú seas fea, en lo que
has dicho demuestras ser consciente, (a isi-
dro.) Ya lo oyes, las cachuelas nos esperan.
Mal. (Feliciana está á un lado y mientras trata de desasirse
del grupo de máscaras que le rodea.) Vaya Usted
hacia allá, que le sigo en cuanto me dejen
libre estas mascaritas.
(Manolo inicia el mutis por la izquierda y las máscaras,
todas, le empujan y aturden.)
Man. (con el mutis.) ¡Haiga orden, cuarto Estado!...
¡Orden!... ¡Ciudadanos! ¡Ciudadanos! (Mutis
Manolo y Coro general. Cesa el bullicio. Maltrana
quiere hacer mutis, impidiéndolo Feliciana distintas
veces con un ademán.)
ESCENA VI
FELICIANA y MALTRANA
Mal. (Dulcemente.) ¡Déjame, mascarita! .. ¿No has
dicho que nos esperan?... ¡Vamos, Feli!
FEL. (Con voz fingida sin ser de máscara.) ¿Yo, Feli?...
(l) La profesora de baile doña Amalia Monroc, puso unas figuras
exagerando, que resultaron muy graciosas. Terminaba el número que-
dando todos los bailadores sentados.
— 20 —
Mal. ¿Crees que no te conozco?
Fel. ¡Ja! ¡ja! ¡ja!... ¿En qué me conoces?...
Mal. En tu cuerpo que parece una palmera con
disfraz; en tus manos que van sin guantes
porque son las más finas y delicadas del
Barrio de las Carolinas... en eso te conozco,
Feli, en eso...
Fel. Feli tiene las manos más feas que las mías
y la prueba está en que tú has visto muchas
veces sus manos y nunca te han llamado la
atención
Mal. (cogiéndola la mano ) Vamos, chiquilla, no di-
gas tonterías... ¿Habéis bebido?...
Fel. Las tonterías que yo diga no son por haber
bebido... son... ¡de rabia!...
Mal. ¿De rabia, por qué?
Fel. Porque eres un sabio según dicen, pero pa-
reces tonto al no ver ni comprender el pen-
samiento de los que te rodean.
Mal. ■ {Tonta!... ¡Tontísima!... ¡Feli!... ¡Feli!...
Fel. ¡Y dale!... Ya te he dicho que no lo soy...
Si lo fuese otras cosas te diría, ¡orgulloso!
¡Pobre Feli;... Vosotros, los hombres, con
estar dispuesto el mundo de este modo, su-
frís menos; cuando sentís el querer, podéis
decirlo; pero nosotras aunque nos arañe el
alma, tenemos que callarnos por el bien pa-
recer...
Mal. ¡Feli!... ¡Por Dios santo, Feli!...
Fel. ¿A qué repites tanto su nombre?... ¡Para lo
que te acuerdas de ella!... ¿A que no sabes de
■ qué color son sus ojos? ¡Nunca los miraste;
nunca viste en ellos nada!... A Feli la, pobre-
tica, se le ha ido metiendo allá adentro, sin
darse cuenta, el gusanillo del amor, hasta
que se ha clialao por ti, pero es mujer y
calla, corrompiéndosele el alma, al ver que
este presumido ó no lo comprende ó es un
ladrón fingiendo que no se entera.
Ma.lI .' ¡Tú eres Feli!... pero para que no lo niegues
más... (Rápidamente y con delicadeza, le arranca el
antifaz. Breve pausa.)
FEL. (Que estaba llorando, intenta sonreír.) ¡Qué tonte-
...-.' rías he dicho, ¿verdad?...
Mal. ¡Feíi!... ¡Feli de mi alma!...
Fel. Todo ha sido una broma... ->
— 21 —
Mal. ¡No digas eso, Feli!...
Pel. . ¡Cómo te he mareado!... ¿verdad?...
Mal, ¡Sí, pero no ha sido la cabeza, sino el alma,
el alma que empieza á vivir Tina vida com-
pletamente nueva. (Mirándola. á los ojos con mu-
cha expresión.) Sí, ahora los veo; tenías razón.
Tus ojos son muy bonitos. A ratos, negros,
expresan una expresión ardiente, cual car-
bones próximos á convertirse en fuego;
cuando el beso de la luz refleja á un tiempo
eu el cielo y en ellos, son azules; si se ríen,
inundan el alma con torrentes de alegría; si
lloran. . si lloran son más hermosos que
nunca. ¿Tú has visto, Feli, 3n el horizonte
un arco de siete colores en tanto que llue-
ve?... pues á eso sólo puede compararse,
Feli de mi vida, la hermosura de tus ojos
cuando lloran...
Peí.. ¡Qué cosas más bonitas sabes decir!...
Mal. Y las digo porque eres tú quien me las ins-
piras. Di le á Feli, que Isidro Maltrana dejó
de ser ciego y tonto y que adora á su Feli...
¿se lo dirás?...
JEel. ¡Isidro!...
Mal. Dile que la vida á su lado siempre será mi
felicidad; que el señorito sabio quisiera ser-
lo más, para conquistar un mundo que po-
derle ofrecer... ¡Que soy el más feliz de los
hombres con su cariño!... ¡dile á Feli!... ¿se
Jo dirás?...
ESCENA VII
DTCHOS y MANOLO por la segunda izquierda
Man. Hago uso de la palabra para dirigir un rue-
go. El ciudadano denominado el Mosco está
consumiendo uu turno de paciencia y el
fuego, en calentar las cachuelas. Creo que
sus señorías deben suspender el debate para
otra sesión...
Mal. El ruego es atendido en el acto.
Man. Gracias. (Mutis.)
Mal. (a Feliciana, amantísimo.) ¡Que la adoro con mi
alma entera, dile!... ¿se lo dirás?... (Mutis Mal-
— 22 —
trana, izquierda. Feliciana llora. A lo lejos se oye el
Coro general que canta la canción del «Pelele». Felicia-
na después llora ruidosamente y dice entre sollozos:)
Fel. ¡Qué vergüenza, Señor!... ¡qué vergüenza!...
(Sigue la canción cada vez más piano, é inicia el mutis
por la izquierda.)
Telón lento
CUADRO SEGUNDO
Casa blanca. En la derecha, habitación-cocina; el fogón junto á la
lateral del segundo término, hacia el foro. En primer término, puer-
,.; ta practicable que se supone conduce á la escalera. En la pared del
fondo una gran ventana de cristales, al pie de la cual hay una
mesa de pino que sirve de mesa-escritorio, encima de ella una
caja de medias caprichosas y otra caja con unas botas de señora
acabadas de comprar, color limón muy altas y de botones. En-
vuelto en un papel, un gran tintero de cristal con tapadera dora-
, da. Encima del fogón, algunas ropas y efectos de uso para vestir y
de cocina; arrimado á la pared en el sitio que menos estorbe, seis
sillas de madera aún embaladas y una cama y jergón metálico en
la misma forma, junto á todo esto, un colchón de lana y dos al-
mohadas sin funda. En si tabique centra] que divide los dos de-
partamentos (algo más grande el destinado á cocina) hay una
puerta practicable. La otra habitación solo tiene una puerta prac-
ticable en segundo término izquierda y su fondo lo ocupa un ca-
mastro bajo igual al de los cuarteles ocupado por un jergón de
corteza de maiz; una manta de algodón y una almohada sin fun-
da. En la cabecera se ve un gran crucifijo y varias estampas de
santos; de un clavo cuelga un descomunal rosario. Adosado á la
pared ocupada por la cabecera qoe es la divisoria hay un viejo y
carcomido armario-librería; está sostenido por una sólida y gran
mesa de nogal antiquísima donde se ve un altarcito con una
imagen y candelebros de bronce á los lados. El lugar ocupado por
• el camastro es poco vible al público, pues lo cubre en casi su tota-
lidad una cortina de yute que cuelga del techo; un paraguas pa-
triarcal y unas prendas de vestir colgadas de clavos con tres sillas
• de anea y un sillón de cuero completan el ajuar de está habitación.
En la cocina están muy atareados sin hacer grandes adelantos vi-
sibles, Feliciana é Isidoro. Este subido en una silla clavetea en el
tabique colocando los cromos de sus autores favoritos. En la otra
habitación el Hermano Vicente se dedica á las prácticas de sus
-oraciones y ejercicios espirituales.
— 23 ->
ESCENA PRIMERA
FELICIANA y MALTRANA en el departamento de la derecha; el
HERMANO VICENTE en la izquierda rezando, luego el CAMARERO
Música
Fel. ¡Isidro!
Mal. ¡Mi Feli!
Fel. ¡Bien mío!
Mal. ¡Te adoro! ¿Me quieres?
Fel. ¡Cariño!... ¡Mi cielo!
Mal. ¡Tesoro!
Fel . ¡Qué feliz así la vida
á tu lado pasaré!
Mal. Cuando estoy así contigo,
¡ay, chiquilla de de mi vida,
qué ansias tengo de querer!...
de llamarte... ¡cielo míol...
de quererte...
Fel. ¡Zalamero! ::
Herm. ¡Santo Dios! ¡Santo Fuerte!
¡Dios verdadero!
¡Redentor de los hombres!
¡Manso Cordero!
Mal. Ensueño de gloria
va á ser tu cariño;
- • aurora esplendente,
¿temores de lucha
contigo?... ¡jamás!...
No dudes, mi Feli,
no dudes de mí;
la gloria que ansio,
será para ti.
Herm. ¡Santo!... ¡Santo!
¡Ten piedad de mí!...
Fel . ¡Qué hermoso es oirte
decir esas cosas
que sabes tú solo decir!...
No temas la lucha
conmigo jamás....
No dudo, mi Isidro,
no dudo de ti;
— 24 —
que aliento en la lucha
tendrás siempre en mí.
Mal. ¡Sí!... Yo de ti quiero
tu aliento vivir;
que solo suspires
por mí...
Fel. En eso que dices
no hay que discutir,
querer y suspiros
por tí...
Mal. ¿Por mí?
Fel. ¡Por tí!
Mal. ¿Por mí?
Fel. ¡Por tí!
Mal. j ¿Por mí?
Fel. ( ¡Por tí!
Los dos f Suspiros y abrazos
y besos y amores
por tí, sólo para tí,
por tí, siempre para tí.
Suspiros y abrazos
y besos y amores
por tí, siempre para tí...
Herm. . / Kirieleysón, kirieleysón,
christeleisón, kirieleysón,
christeleisón, kirieleysón. .
Hablado
(Al terminar la música Maltrana se pone á clavar un
clayo y á poco se lastima un dedo.)
Herm. ¡Señor omnipotente! ¡Señor misericordioso!
¡Santo!... ¡Santo!...
Fel . ¿Te has lastimado, Sidrín?
Mal. No ha sido más que un pellizco; mi torpeza
al manejar el martillo y un demonio de cla-
vo que se ha torcido.
Fel. ¿Quieres que te ponga un trapito?
Mal. No tiene importancia.
Fel. (Tomándole el dedo y con mucho cariño.) ¿A Ver?
¡Pobresito dedo mío!... ¡Pobresito!... (lo besa.)
Mal. Te aseguro que ese clavito me las paga.
Fel. ¿Qué vas á hacer?
Mal. ¡Machacarlo de un martillazo!... (se sube a la
silla á espaldas mismo del armario-librería. )
- 25 —
Herm. ¡Señor, ilumíname con tu gracia! (sigue gol-
peando la frente en la mesa.)
Mal. (Mostrando á Feliciana un cromo.) Mira, Feli: este
señor tan respetable es Víctor Hugo; casi un
Dios.
JFel. (candidamente.) ¡Qué cara de bueno tiene!
Mal. Y lo es, aunque á muchos les parezca malo.
lÍERM. (Como viendo visiones hablando con exaltación.)
¡Malo!... ¡Malo!... ¡Aparta1... ¡No puedes con
un siervo de Dios fuerte!
Fel. (Que se acercó á escuchar á la puerta, dice después de
breve pausa á Maitrana.) El permano Vicente
dice que es malo...
Mal. (Riendo.) No hagas caso. El Hermano Vicen-
te es un bendito, pero está chiflado... Eso
que habla es refiriéndose al demonio, que á
cada momento cree que le agarra... (coge el
martillo y se vuelve á la silla.)
Herm. ¡Señor, merezco por mis pecados vuestro
enojo! ¡Haced!...
Mal. ¡Aquí está!... ¡Ah, clavo homicida! (se dispone
á pegar.) v
Herm. ¡Haced, Señor, que caiga sobre mi pecadora
cabeza!...
(Maltrana da un tremendo martillazo y al golpe se
desprende un grueso volumen de la librería encuader-
nado en pergamino, cayendo encima de la cabeza del
Hermano Vicente que sigue golpeándola sobre la
mesa.)
Mal. ¡Así!... (Baja de la siiia.) ¡Ya estoy vengado!.;.
¡Bueno; ya está, Feli querida!
Fel . Vamos á arreglar nuestra casita. Mira, aquí
la mesa doude tú has de escribir... colocada
así. (lo hace.) Tú estarás aquí sentadito, dale
que le das a la cabecita, escribiendo... Yo,
como mujer de mi casa, haciendo la comi-
da; que veo si hierve el puchero; que vengo
de puntillas aquí, que te doy un beso ó te
tiro de esta melena.
Mal. Si; y que no me dejas trabajar...
FEL. A ver mi regalo. (Desenvuelve el tintero.) Qué
precioso... ¿verdad?
Mal. Digno de mi pluma inmortaL ¿Pero y el
mío?... (Destapa la caja de las medias y después la
de las botas.) Seis pares de medias fantasía. Y
que van á tener un relleno poco adorable; y
.— . 26 ' —
luego con estas botas altas, de color,., (Esco-
giendo un par de medias.) Mira, ponte estas en
seguida y las botas... anda...
Fel ¿Ahora?
Mal. ¿Y cuándo mejor?
Fel . Si tú lo quieres. ..
Mal. Sí, sí; que rabio por ver cómo te están...
Fel. (Cogiendo los objetos.) Pues voy... Así como asi,
á mí me parece que me van á sentar super.
(Cruza por la puerta atravesando la habitación del Her-
mano Vicente, que sigue sus oraciones.) Con per-
miso, señor Vicente... ( Mutis.) *
Herm. Usted es muy dueña, hermana...
Mal. (Entrando en el departamento.) ¿Terminó ya la
oración, Hermano Vicente?...
Herm. Aun no, señor de Maltrana, pero tiempo
tengo luego, pase.
Mal. Pero, hombie, ¿y usted para qué reza tanto
siendo tan bueno?
Herm. Soy pecador, señor de Maltrana, y además,,
de mis propios pecados, tengo el santo de-
ber de rezar por quienes no están en gracia
de Dios.
Fel. (Dentro.) ¡Sidrín!...
Mal. (Dejando al Hermano Vicente con la palabra en la
boca.) ¡Voy! (Mutis por la izquierda.)
HERM. (Sin hacer caso del desaire sigue rezando.) ¡Santo!...
¡Santo!... ¡Señor Dios de los Ejércitos, llenos
están los cielos ..
Fel. (Dentro á gritos.) jAyl... ¡Estáte quieto!...
Mal. (Dentro.) ¡Calla, feísima!
Fel. (lo mismo.) ¡Ay!... ¡Que me haces cosquillas!
Herm i Queriendo no oir.) Están llenos... llenos están...
(Distraído.) Están haciéndose cosquillas... (ai
darse cuenta del disparate mezclado en la oración se
persigna azorado y rectifica.) ...llenos están los
cielos de vuestra gloria...
Mal. (saliendo.) Te están que ni pintadas... (ai Her-
mano Vicente.) Usted dispensará, pero se esta-
ba probando Feli unas medias y al ver lo
bien que le están...
Herm. (Azorado.) Están ustedes en su derecho...
digo... están ustedes en su casa...
(Sale Feliciana.)
Fel. (ai Hermano Vicente con inocencia. Se levanta las
faldas algo más de lo regular.) Mire Usted, Señor
¡s* 27 —
Vicente qué bonitas son las medias y qué
bien me están las botas...
HERM . (Sin querer mirar á Feliciana.) ¡Santo!... ¡Señor!...
¡Cómo pruebas á tus esclavos!
Mal. (Cogiendo un pie de Feliciana y poniéndolo encima de
las rodillas del Hermano Vicente.) Mire Usted que
botas imperiales... veintidós cincuenta...
¡Qué bien le están! Sin una arruga...
BerM. (Sudando la gota gorda y aparte.) ¡Señor!... ¡Se-
ñor!... ¡Que la carne es flaca! ¡Apiádate de tu
humilde siervo!
(Llaman en la escalera. Campanilla.)
FrL (Retirando el pie que tanto mortificaba al Hermano
Vicente.) Debe ser el camarero, (sale.)
Mal. (saliendo detrás.) Sí, el debe ser.
Fel (Después de abrir.) ¡Efectivamente!
Cam. Del café de San Millán, ¿es para aquí?
FEL. (Como una amita nueva.) ¡Sí... SÍ... aquí es!
Cam. (Pasando.) Una de solomillo con patatas, una
de merluza, café, postres y una de vino.
(Coge la bandeja Feliciana colocándola en la mesa.)
Fel. ¿Despacho el servicio?
Cam. No hay prisa, ya vendré más tarde por él.
Mal. ¿Cuánto es?
Cam. Cuatro cincuenta.
Mal. (Dándole un duro.) Tome.
Cam. Sobran...
Mal. . (interrumpiendo.) Para propina.
Cam. Muchas gracias. ¡Que aproveche!
FEL . AdiÓS. (Mutis Camarero.)
Mal. (Pasando á la otra babitación, mientras Feliciana dis-
pone la mesa con un entusiasmo infantil.) Hermano
Vicente: venga usted á comer con nosotros.
Herm . No es desprecio, señor Maltrana, pero sabe
usted de sobra que estamos en cuaresma y
que yo ayuno rigurosamente. Que les apro:
1 che; que yo me marcho á mis trabajos dé
Conversión. (Maltrana y Feliciana se sientan á la
mesa y e¿ Hermano Vicente coge su paraguas, su bre-
viario y el sombrero* saliendo á la cocina.)
Fel. Adiós.
Mal. (con la boca llena.) Adiós, Hermano Vicente.
(Mutis Hermano Vicente.)
r- 28 —
ESCENA II
FELICIANA y M \LTRANA
Fel. Que bien estamos en nuestra casita.
Mal. Ya era hora que dejásemos los desmontes y
las cuevas, testigos de nuestros amores.
Fel. Nunca podíamos estar tranquilos; y ahora
nadie nos molesta.
Mal. ¿Estás satisfecha con las comodidades que
te rodean?
Fel. ¡Ya lo creo!
Mal. Pues esto no es nada comparado con lo que
tendrás. Anda, bebe vino. Yo quiero ganar
mucho dinero y lo ganaré. Tengo ahora una
personita que me animará, que me dará
, , fuerzas para luchar y venceré, ¡qué duda
cabe! Así que esto de ahora es una miseria,
es un puente de bienestar muy relativo
en espera de los buenos tiempos. Tendrás
una casa con muebles bonitos, criada, ama
de cría cuando la necesites..
Fel. (Enfadada.) ¿Qué? ¡Dar mis hijos á criar! Tú
estás loco, Isidro; tú desvarías.
Mal. Bueno, los criarás tú, no te enfades por eso.
Me dedicaré á la política; seré diputado,
luego ministro y tú serás la esposa de su
excelencia.
Fel. ¡Yo ministra! (Transición.) Pero ahora que
pienso, las señoronas principales te busca-
rán y... ¡no, no! ¡No quiero que seas minis-
tro! ¿Lo oyes bien? ¡No quiero que seas mi-
nistro! ¡No quiero! (Tirándole del pelo y pateando
como una niña mimada.)
Mal. (Riendo.) Bueno, mujer, btieno; no seré mi-
nistro. Hay crisis. Presento la dimisión de
mi cartera.
Fel . (Menos enfadada.) Estaría bdeno, que me roba-
ran tu cariñito...
Mal. Entonces, escribiré para el teatro... Seré un
gran dramaturgo .. ganaré mucho dinero.
En los estrenos con éxito me aclamarán:
¡El autor! ¡el autor! Y yo saldré á recibir la
estruendosa ovación que me prodigue el pú-
— 29 —
blico puesto en pie, de la mano de los artis-
tas.
Fel. (Entusiasmada.) ¡Eso!... ¡eso!... (Transición.) PerOt
oye: ¿quién te dará la mano para salir á es-
cena?
Mal. Los artistas que tomaron parte en la obra.
Fel. ¿Hay mujeres también?
Mal. Naturalmente.
Fel. (como antes.) ¡Nol... ¡no!... ¡Dime que no es-
cribirás comedias! ¡Dímelo! ¡No quiero!.*,
¡no quiero!...
Mal. (Riendo,) Escribiré donde tú quieras.
Fel. En los papeles; eso es... En los papeles no
hay tanto peligro...
Mal. Bien, mujer; escribiré en los papeles... no
te apures... (Llaman á la puerta.)
Fel. (Algo asustada.) ¿Será padre?
Mal. Quizá venga en busca del Hermano Vi-
cente; ¿quién sabe que nosotros vivimos
aquí hace dos horas?
Fel. Tienes razón.
(Llaman otra vez.)
Mal. Voy á abrir.
ESCENA ÍII
DICHOS y el SEÑOR MANOLO
P^EL. (Sorprendida.) ¡TÍO Manolo!...
Mal. (ídem.) ¿Qué?...
Man. .(Pasando.) No hay que asustarse. (Cerrándola
puerta.)
Fel. ¿Pero?...
Mal. ¿Usted por aquí?... ¿Cómo ha sabido?...
Man. Sois atolondraos como ciudadanos incons-
cientes; pero yo, que soy amante de la con-
federación, OS protejo... (Se sientan.)
Mal. Pero...
Man . Estoy en el uso de la palabra y voy á consu-
mir Un turno. (Echa vino en un vaso.) No me
extráñalo que habéis hecho. (Bebe.) En mi
pograma no se ve mal el amor libre; pero
sabiendo que yo sus soy afecto, habéis he-
cho una chiquillada con no contar con
— 30 —
mi apoyo de ciudadano paciente... Yo sus
vigilo hace ya tiempo; dende aquel día de
Carnaval en que suspendí el debate inicia-
do en vuestros amores. Sus he seguido por
las tardes cuando la Feli salía de la fábrica
y he car culado que habíais pasado á mayo-
res... Lo que ha sucedido hoy, ya me lo tenía
yo tragado... Mi hermano el Mosco, al re-
gresar esta madruga de sus correrías por El
. Pardo, ha encontrao vacía la cama de su hija
y no ha podio besar su frente, única felicidá
. y alegría del pobre cazador... Eso tenía que
suceder; pero ¡moño!... ¿por qué no me ha-
béis presentao una moción? Yo por la vía di-
plomática hubiera celebrao un intervieuve
con el lesionado moral y se hubiera arre-
glao tó...
Fel. (Llorando.) ¡Pobre padre mío!...
Mal. Tiene usted razón; pero me faltó el valor
para confesar á usted nuestra culpa...
Mal. ¿Quién habla de culpa?... Na de eso... Ya lo
dijo Faraón: creced y multiplicaos. ¿Sus
queréis? eso no es falta; ¿qae no hacéis es-
critura pública? ya la habéis hecho en pri-
vao y con faculta de elevarla á pública así
que las partes contratantes lo estimen imper-
tinente; ¿que no habéis pasao por la Vicaría?
es lo más barato; y en fin; tó está bien, me-
nos que no hayáis contao conmigo...
Fel. ¿Ha visto usté á mi padre? ¿Qué dice?
Man . Está desesperao; sólo piensa en salir de caza
al Pardo de día y de noche, hasta que le
maten los guardias como mataron su perro
favorito.
Mal. Trate usted de verle, de hablarle...
Man. (Levantándose.) Es pronto aún... Sus aconsejo
que salgáis poco de casa, y sobre to que no
paséis de Madrí...
Mal. Descuide usted.
M\n. Y salud... (Medio mutis.) Yo por esto na de
rencor os guardo; sabéis ande está mi ofecina
y las horas de despacho para lo que sus
ofrezca.... Salud...
FEL. (Acompañándola hasta la puerta.) AdiÓS, tío...
MAL. (Lo mismo,) AdiÓS, Señor Manolo. (Mutis Mano-
lo.—Pausa.)
— 31 —
ESCENA IV
FELICIANA y MALTRANA
FEL. (Echándose en los brazos de Maltrana llorosa.) ¡He-
rnos matao á mi padre!.,.
Mal. (Amoroso.) Es la ley de la vida. La felicidad
necesita víctimas para ser más esplendoro-
rosa; arrollar á su paso otras dichas, como
si su mayor goce consistiera en el daño cau-
sado á los demás. Ya recobraremos á tu
padre; ya nos perdonará; pero en tanto sa-
boreemos la deliciosa ambrosía de lo pro-
hibido, estimando su exquisitez, tanto más,
cuanto mayor sea el número de desgracias
que para conseguirla hemos causado...
Fel . (Serena y amantísima, reclinando la cabeza en el hom-
bro de Maltrana.) Tu amor me embriaga... ador-
mece en mí los sentimientos de hija... quie-
ro estar siempre así... ser tuya siempre...
Mal. ¡Feli!. , ¡Feli!...
Fel. Nunca nos separaremos... ¡No me abando-
nes!... ¡Siempre... siempre así!...
i^UTACIÓft
CUADRO TERCERO
•La escena representa un barrio de gitanos denominado «Las Cambro-
neras». El telón de foro, una vista de Madrid desde aquel sitio.
Es en invierno y á la entrada de la noche. En primer término
derecha una casa-habitación muy modesta, y en igual término iz-
quierda otra más pobre, ambas con puertas practicables.
ESCENA PRIMERA
La BORRACHA y COLETA, saliendo de la casa de la derecha
Bor. ¡La pobre Feli!...
Col. Bien mala que está, y el señorito Isidro, el
nieto de la tía Mariposa, sufriendo más que
— 32 —
ella por no poderla atender como le hace-
falta .. Ya ves tú, (por la derecha.) aquí penas
negras y aquí (Por la izquierda.) alegrías de co-
lor de rosa. Los gitanos más ricos de estas
Cambroneras están de boda... Si no fuera
porque tengo el corazón como una pasa de-
ver estas desgracias, me quedaba á la boda...
¿Tú no has visto nunca una boda de gita-
nos?
Bor. No.
Col. Pues to eso que cuentan de romper el pu-
chero, son fantesías... Hay que ver el lujo y
las cosas que se traen. Por allí (señalando el
foro izquierda.) vienen los de la boda... Más
vale no verlo...
(Mutis con la Borracha foro derecha.)
La siguiente escena de la boda puede hacerse en mí-
mica ó película. De esta última forma se hace en Ma-
drid y gusta mucho; pero de una ú otra manera, tanto
la interpretación de la película como la de la mímica,
debe hacerse con sujeción al siguiente diálogo. En Ios-
sitios donde sea difícil ó costoso hacer una película, se
advierte á las Empresas que la del Teatro Novedades
de Madrid tiene películas para vender y alquilar; cuan-
do la Dirección quiera prescindir de presentar la obra,
con película, puede hacerse con la escena mímica, y
cuando no pueda hacerse ni en una ni en otra forma,
aparecerá por el foro, como ya se anuncia en la anterior
escena, la boda de gitanos, gritando ¡Vivan los noviosl,
formarán el círculo para la «Zambra» y comenzará el
número cuando cantan la Gitana 1.a y el Gitano 1.° y
bailan dos señoras: una vestida de gitana y otra de gi-
tano. El Coro de caballeros llevará panderos que tocará
durante el número cantado y bailado.
Para hacer la película convendrá que sus intérpretes
hablen el siguiente diálogo, á fin de que resulte con
más naturalidad.
Música
(Orquesta sola.)
— 33 -
BODA GITANA
ESCENA II
La NOVIA, el NOVIO, CAÑÍ 1.° y 2.° y GITANO 1.
Al comenzar la escena están emboscados los Cañís y Gitano que al
oir el galope del caballo sale el Cañí 1.° y silba. Aparece la Novia en
la ventana, mira por distintos lados y vuelve á cerrar. Otra vez sale
el Cañí 1.°, llama al 2.° y Gitano 1.° y después de cambiar impresio-
nes se dicen que no hay novedad y hacen señas al Novio que apare-
rece á caballo y engalanado, tanto él como su cabalgadura, con las
mejores prendas. Sale el Novio por el foro derecha, despacio, y se
acerca paso á paso á la ventana por donde apareció la Novia
Novio (Dice en mímica.) Mi nena ha debió oir la seña.
Ya debe de estar en su cuarto asperando.
¡Sentraña mía!... (Ya en la ventana.) ¿Llamaré
ya? Sí, sí, que. er goso y el ansia de tenerla
á la vera e mi pecho no me dejan respira...
(Suspira.) ¡Arma mía!... (Llama á la ventana con
los nudillos. Escucha y debe expresar que han oído su
llamada.) ¡Ya m'ha oíof... ¡Gitana mía!.., ¡Sal
pronto que ma ajogo de felisiál... ¡Ya está
aquí!...
NOVIA (Asoma á la ventana.) ¡Chiquiyo!...
Novio ¡Gitana!... ¡Dame tus labios pa que puea se-
guir teniendo alientos!
Novia ¡Gáyate, ansioso, que aluego te daré una jar-
te d'eyos!...
Novio ¡Uno sólo ahora, anda!
Novia IjO píes de una manera, chiquiyo, que se te
pué negar... (Le echa los brazos al cuello, sacando
medio cuerpo por la ventana y le da un prolongado
beso.) ¡Toma mi vía por mi boca!... (un reloj
cercano da siete campanadas. A la primera salen los
amantes de su ensimismamiento y vuelven á la reali-
dad recordando que deben fugarse.)
Novio Vamos, mi nena, vamos. ¿ Yevas to lo que yo
nesesito?
Novia Na me farta pa dir á la cársel de tus brasos.
Novio Pus ven á eyos, que estás condena á cadena
perpetua.
3
— 31 —
(La Novia, ayudada por el Novio, salta de la ventana
al caballo, y él montado como está la pone delante.)
NOVIA (Mientras lentamente marchan en el caballo para el
foro derecha.) ¡Adiós casita ande soñé con er gi-
tano de mis quereres!... ¡Te dejo pa siempre
como pa siempre é el cariño de mi chiqui-
yo!... ¿verdá que zí, mi vía?...
Novio ¡Pá ziempre!... ¡pá ziempre, mi arma!
(Se besan hasta el mutis y después salen los gitanos
que estaban escondidos y hacen mutis por el mismo si-
tio, manifestando gran alegría por haber contribuido á
la fuga.)
ESCENA III
LA TEODORA, EL PADRE DE LA NOVIA, EL JEFE DE LA TRI-
BU, CAÑÍ 1 ° y 2.°, GITANO 1.° y 2.°
Tras un instante de silencio solo interrumpido por el galope del ca-
ballo que se aleja, se oye en la casa de donde fué raptada la Novia,
nn tremendo ruido como de vajilla que se rompe, bofetadas y palos
repartidos con profusión, mezclado con gritos de la Teodora á quien
seguramente le tocan más bofetadas y palos que los que le corres-
ponden á prorrata. Los gritos y ruidos van en aumento, hasta que se
abre la puerta de ia casa y sale á escena la Teodora huyendo y gri-
tando, detrás el Padre de la Novia con una estaca y seguido muy de
cerca- del Jefe de la Tribu, Cañís 1* y 2.° y Gitanos 1.° y 2.°
Teod. (Gritando y huyendo.) ¡Ay!... ¡ay!... ¡ay!... jay!...
Padre (pegándola y persiguiéndola.) ¡So pendón!... ¡Mala
madre, mala presona! ¡Premita un divé te
ajorquen con una cuerda de violín!... ¡Mala
gachí!...
(A todo esto le zurra de lo lindo con la estaca, á pata-
das, á mordiscos, sin que puedan aplacar sus iras los
Cañís y Gitanos que intervienen. Cae la Teodora al
suelo á consecuencia de los golpes; el Padre de la No-
via se queja de dolores eu el brazo; se limpia el su-
dor de la frente y se bebe una caña que le presenta el
Cañí 1.° sirviéndola de una botella que á prevención
lleva.)
Git. l.o Tome ozté compare y no se asofoque más! (ei
Padre bebe.) Esta Llenando otra.) pa mi COmare
la Teodora que bien se Vha ganao...
TEOD. (Bebe sin levantarse del suelo; se limpia el sudor y las
— 36 —
Padre
Jefe
Cañí l.o
Cañí 2.o
<Jrr. l.o
Qit. 2.o
Padre
Teod.
Padre
Jefe
Teod.
Padre
Jefe
narices con la manga y le dice á su hombre.) ¡Gachó
y qué bruto eres!...
¿Bruto yo?... ¿Mha yamao bruto? (Enarboia la
estaca y de nuevo persigue á la Teodora que huye
gritando como antes y seguida de los Gitanos, que in-
tervienen.) ¡Mala gachí!... ¡Mala mujer!... ¡Mala
madre!...
¡Güeno está ya!... Déjala Inome, que si ha/ar-
tao, ya tiene bien paga su curpa...
¡Vamo, lióme, déjala ya...
No la pegue má...
Ya la surró bastante.
Miá como está la probé de doloría.
La he de matar, por perra y por discuidá...
(Hace mención de volverla á pegar y la Teodora huye
un poco.)
¡Ay!... ¡ay!... ¡ay!...
(Más calmado.) ¡Perra, más que perra!...
(a la Teodora.) Anda, mujer, píele perdón.
Dimpués de tó, el home está enfadao con mu-
cha rosón... (ai Padre.) Tú, arrepara que ya
has demostrao tu genio y tu vergiiensa. Ahora
perdónala que mira con qué humirdá te va
ha peir perdón, (a la Teodora, "i Dile que te per-
done, no seas rencorosa, (ai padre.) Tú, per-
dónala.
(Arrodillándose delante del Padre.) Perdóname, gi-
tano de mis quereres, que ya no lo haré más.
(Amenazándola.) ¡Perdón!... ¡ Mar dita sea!...
(Transición.) Ven acá, chiquiya, que ya me he
dao cuenta de que no es tuya la curpa. (La
abraza, y en seguida, bruscamente se separa furioso.)
¡La curpa es d'eya, d'eya; eza perra de hija
que ha yenao de vergiiensa la nieve de mi ca-
lesa!... ¡La curpa es de él que ha ¡sabio acara-
melar á mi hija con eza palabras durse de los
enamoraos!... ¡Eya una sin vergiiensa!... ¡él
un mardesío!... ¡los dos, los dos me deshon-
ran!... ¡Los dos amargan los úrtimos momen-
tos de mi- vía!... ¡Quiero beber zu zangre!...
¡Quiero abrirles er corasen pa ver cómo lo
tien de negro!... ¡Déjame zolo!... ¡Déjame que
vaya á buscarles pa jaserlos peasos!... (Nadie
le sujeta.) ¡Déjame!. .
Home, ar repara que er chiquiyo é un barbián.
Arrepara que aviyela pasta; que los mucha-
— 36
Padre
Teod.
J. Tribu
Padre
J. Tribu
Novio
Padre
Novio
Padre
J. Tribu
chos se quieren dende que eran azín de chi-
quitiyos; que tú nunca has puesto mala cara
cuando t'enterabas del cortejo y... arrepara
que zon coza é la vía.
¡No!... ¡no!... ¡no!... ¡Son unos sinvergüenzas!
¡Que no se me presenten elante de mi vista,
porque los jago peasosf... ¡Déjame zolo!... ¡Dé-
jame! (Nadie le sujeta.)
(Aparte al Jefe de la Tribu.) Por aya viene er no-
vio. (Señala al foro derecha. ) Mire OZté er pobre-
sito mío como viene de arrepentío á peir
perdón...
(Hace señas al Novio que se acerca lentamente du-
rante el diálogo siguiente, mientras le dice al Padre.)
Oye, ¿qué harías si viniera er niño á peirte
perdón?
(Furioso.) ¿Ande está?... ¡que me lo como!...
Home, arrepara y reflersiona... Ponte en er
caso d'er... Acuérdate de cuando tú eras un
chaval COmo él... (La expresión del Padre se dul-
cifica á medida que avanza el relato.) TÚ amontaba
aqueya jaca torda; la Relámpago... Era de
noche, como ahora... Los colores y caireles
de tu manta jeresana, tenían la vía que les
daba un rayo de lu que zalía de una venta-
na como ésta. Detrás de eya t'aguardaba la
Teodora, la que ahora es tu mujé y que en-
torne era la gitana más barbi de los andaluse.
¿T'acuerdas? Tú ayegaste á la ventana, diste
un bezo en aqueyos labios de craveyina y
aluego la Relámpago que corría fatiga, no
pudiendo yevar sobre sus lomos tanta f eli-
sia como yevaba... ¿T'acuerdas?... La edá de
éste vendrías á tené... (Por el Novio que se acer-
có, arrodillándose ante el Padre y con la frente humi-
llada.)
¡Perdón!
(Furioso.) ¡Sinvergüensa! ¡Lo mato! (Nadie se
asusta. Transición.) ¡Ven á mis brasos, chi-
quiyo! ¡Como tú era yo cuando aqueya noche
felit...
¡Perdón pa mi buñíf
(Furioso.) ¡No, pa eya no! ¡Que no venga, que
no venga!
Arrepara que es tu hija... ¡Que es el fruto de
los amores con aqueya gitana de ojos de fue
— 3
Padre
J. Tribu
Novia
Padre
J. Tribu
Todos
J. Tribu
Todos
go que t'asperaba detrás de aqueya ventana
por donde zalla un rayo de lu que daba co-
lor á los cairele de tu manta jeresana.
¿Tú t'acuerdas de mi jaca la Relámpago?
(Aprovechando este momento de reflexión del Padre le
dice al Novio.) Anda á por tu buñí:
(El Novio hace señas á la Novia, que aguardaba. Esta
sale rodeada de sus amigas, gitanas jóvenes y se arro-
dilla delante del Padre.)
¡Perdón, pare!
(Abrazándola) ¡Hija mía, ven á mis brasos!
(La Teodora abraza ybesa á la Novia.)
¡Vivan los novios!
¡Vivaaaan!
(Dice mientras lo hacen los demás.) Ahora forme-
mos la procesión pa acompañar á los no-
vios, (a ellos.) ¡Que seáis mufelise! ¡Vivan los
novios!
¡Vivan!
(El Novio monta; á la Novia la ayudan á montar el
Padre y el Jefe de la Tribu, rompen los novios marcha
y detras toda la comitiva con gran algazara y gritan-
do: ¡Vivan los novios! Mutis foro derecha.)
ESCENA IV
LA TEODORA que queda en escena gimoteando como gimotean casi
todas las madres que casan hijas y á poco sale por el foro izquierda
el NOVIO DESPECHADO que le pone una mano en el hombro y le
dice con terrible expresión
Desp. ¿Y su hija?
TEOD. (Extrañada.) ¿Mi hija?
Desp. Sí, su hija; mi buñí!...
Teod. En la boa; ze caza ahora mesmo.
Desp. ¿Que ze caza?... ¡Zí ya me lo temía yo! ¿Que
ze caza? ¿Que ze caza?
Teod. Zí, home, zí; que ze caza, y ¿qué?
Desp. Que, ¿qué?... Pero ¿ozté no zabe, mala bruja,
que yo la camelaba liase tiempo?
Teod. ¿Yo? ¡ni una palabra!
Desp . ¿Con que no?... ¡Mardito zea mi zino perro!...
¿Conque ozté no lo zabía? Pos miusté: por tos
mis muertos juro que voy kjasé una esabo-
risión como no ze haiga conosío enjamás. (saca
una descomunal navaja de muelles y la abre.) ¿Ozté
ve esta navaja? Pos drento de una hora ha-
brá cortao más carne que er cuchiyo de un
camisero. Y á ozté, mala bruja. (Amenaza á la
Teodora, que huye despavorida, haciendo mutis por la
casa izquierda y cerrando tras sí la puerta.) ¿Por
dónde S'habrán díof iHace unos cuantos desplantes
de valiente.) ¡Bah! ¡Es lo de menos! Azin ze
haigan metió en la pr efundida de los mares
los vi á zacá eon la punta de mi navaja
como si jueran armejas .. Por mis muertos
que ande los piye los enzarto... (vá á hacer mu-
tis y se encuentra con el padre de la novia.)
ESCENA V
TEODORA, el PADRE, el NOVIO DESPECHADO, los GAÑÍS 1.° y 2.°
y los GITANOS 1.° y 2.°
Desp . Home, m'alegro de encontrarle. Er corasen
de ozté va á zer er primero que yo pinche...
PADRE (Con risa cortada y guasona.) ¡Ja, ja, ja!
Desp. Conque ¡ja, ja, ja!...
Padre Zi. ¿Qué quieres?...
Desp . ¡Jaserle un oordao en er corazón!
PADRE Pa luego es tarde. (Toman en la siniestra mano
la manta, arman la derecha con descomunal navaja y
se disponen á acometerse como fieras. Dan el primer
salto. Aparecen los Cañís y Gitanos, que intentan se-
pararlos; los combatientes les hacen retirar y la Teo-
dora, que asoma á la puerta, por donde hizo mutis,
ve á su marido de pelea y se mete dentro de la casa,,
haciendo expresión de evitar la pendencia. Siguen los
combatientes dando saltos; los mirones hacen los mis-
mos movimientos que aquéllos y la Teodora, que apa-
,. , rece, sin que nadie más que su marido se dé cuenta,,
con un tricornio de guardia civil puesto y un capote,
Todos huyen por distintos lados rápidamente, el Padre
y la Teodora ríen la ocurrencia y aparece la comitiva
nupcial por el foro izquierda. Se forma el cuadro para
la zambra y acaba la pelea ó escena mímica.)
— 39
GlT. I.*
GlT. 1.a
GlT. l.o
Música
Gitanos granadinos
que descendemos
de Boabdil,
marchamos peregrinos
lejos del Darro
y del Genil.
Bogamos por el mundo sin tener
un puerto fijo al que arribar,
ni hogar querido al que volver;
las penas nos agobian sin cesar,
mas aunque mate el padecer
hay que cantar.
Todos
Git. 1.a
GlT. 1.a
GlT. l.o
Todos
Loco, chiquiya, tiés á tu büñí.
Nunca gitana más linda se vio.
¡Viva tufare, gitana graciosal...
y ¡viva la mare que al mundo fechó!
El más oculto arcano
todos sabemos descubrir;
la raya de la mano
nos dice claro el porvenir.
Vendemos amuletos para ser
afortunados al jugar,
afortunados en querer,
y allí, donde acampamos al azar,
á todo el mundo da placer
vernos bailar.
Loco, chiquiya, tiés á tu buñi.
Nunca gitana más linda se vio.
¡Viva tu. pare, gitana graciosa!
y ¡viva la mare que al mundo fechó!
Gitanos granadinos
que descendemos
de Boabdil,
marchamos peregrinos
lejos del Darro
y del Genil.
(Terminado el número, algazara general y con un bis
musical hacen mutis por la izquierda, repitiendo los gri-
tos de IVivan los novios! Queda la Teodora en escena.)
- 40 —
ESCENA VI
LA TEODORA y MARIPOSA, ZARRATUSTRA y el BOBO por el foro
derecha
Hablado
Zar (Andando trabajosamente del brazo del Bobo.) Ya
estamos en las Cambroneras... ¿Te peso,
Bobo?
Bobo ¡Je!... ¡Je! ¡Bueno!...
Mar. Esta buena mujer (Por la Teodora.) nos dirá
donde viven mis nietos... (a ella.) Diga us-
ted, buena señora; ¿vive por aquí el señor
Isidro Maltrana?...
Teod. Sí, señora... aquí vive y bien serca de su
casa están... La señorita está muy mala...
muy mala... un parto malo... muy malo. Er
señorito Isidro está mú apenaiyo... no sé,
no sé qué desgracia más grande envía er
Señó... aluego como los probes están sepa-
raos de la familia, pasan las mayores cala-
midades y la probé señorita está muy mala,
muy mala... no sé, no sé pero creo que el se-
ñorito piensa en llevarla al hespital; ya ve
usté, señora, y ustés, señores, esto es mu
triste, mu triste, pero que remedio queda á
los probes que curarse en el hespital, en la
casa grande que arrecoge á los esgraciaos...
Zar. (impaciente. ) Diga usté si nos sentamos ó si
nos va á decir lo que le hemos preguntao...
Teod. ¡Ay, Jozú!... y qué pórvora de genio... ahora
mesmito iba á desirlo, sólo que una da sus
explicaciones, pa que se enteren los que pá-
rese tienen interés, porque ostedes deben
de tener argún interés asín que vienen pre-
guntando; ¿hablo bien, señora? ¿hablo bien,
señores?...
Zar Si habla usté, pero demasiao...
Mar. ¿Quiere usté decirnos dónde vive mi nieto?
Teod. ¡Ah! pero usté es nieta, digo abuela del se
ñor Isidro?.. ¡Haberlo dicho!... ¡Me alegro
tanto!... ¡Por muchos años!...
Zar . (ai Bobo.) ¿Miá que habla!...
Bobo ¡Je!... ¡Je!... ¡Bueno!
— 4! —
ESCENA VII
DICHOS y MALTRANA y NOGUERAS, saliendo de la casa primera
derecha
Mal. (Reconociendo á su abuela.) ¡Abuela!... ¡Zarratus-
tra!... ¡Cuánto les agradezco esta visita!...
Mar. ¡Sidrín, hijo mío!... Hemos venío á veros,
enteraos de vuestra desgracia!...
Zar. Aunque pobres, tenemos corazón...
Mal. Pasen, pasen. Feliciana está muy enfermo,
pero se alegrará mucho de verles.
Mar . . Vamos, vamos; ¡probetica!
Zar. Vamos, vamos.
Mal. En seguida soy con ustedes...
(Mutis por la casa de la derecha, Mariposa, Zarratustra
y el Bobo; Maltrana les acompaña y luego habla en
voz baja con Nogueras mientras la Teodora dice muy
enfadada.)
Teod. ¡Ni las grasia siquiera! Dimpués que una sé
molesta en dar explicasiones al que se las
píe, er pago es er dispresio... ¡Ay, Jozú (con
ei mutis.) der Gran Poé3 y qué esaborisión de
gentes!... (Mutis casa izquierda.)
ESCENA VIH
MALTRANA y NOGUERAS
Mal. Y bien, amigo Nogueras. Ha llegado la
hora de que el médico hable la verdad por
muy cruel y amarga que esta sea.
Nog . Chico; muy doloroso es ejercer la profesión
pero el amigo, en estos casos, cede el sagra-
do puesto al médico y este tiene que guar-
dar sus sentimientos y hablar como su cien-
cia le aconseja. Tú creíste que era inacaba-
ble aquel momentáneo bienestar que al
principio de vuestros amores aportabas; lie- .
gó la época difícil, comenzaron las privacio-
nes, y lo demás se adivina.
— 42 —
Mal . De nada me sirve la ilustración adquirida
en la Universidad, como no sea para sufrir
más con la miseria, conociendo otro estado
y otra situación donde todo sobra. Mis
músculos atrofiados, sin ^desarrollo físico
que los hiciera fuertes, son estorbos en mi
cuerpo debilitado por la inercia. ¿De qué
me sirve la inteligencia cultivada con el es-
tudio, si mis brazos no tienen fuerzas para
ganar un pedazo de pan, para que esa infe-
liz no perezca de hambre y frío? Envidio al
mozo de cordel, que puede arrastrar pesos
para ganar el sustento. ¡Con cuánto placer
cambiaría toda mi ciencia, inútil, desespe-
rante en esta situación, por poder manejar
un pico ó transportar yeso y ladrillo en una
obra! No vestiría esta vergonzosa librea de
señorito, pero mi blusa traería en sus bolsi-
llos las monedas ganadas con gotas de su-
dor, que serían el pan y la felicidad. .. ¡Mal-
dita la hora en que estudié y maldita la
ciencia que de tal modo acibara mi vida!...
Nog. No hay que apurarse, hombre. La enferma
no está más que grave. La vida de privacio-
nes que lleváis y la muerte del padre de
ella, desesperado por vuestra poco noble
acción, han influido mucho en que se haya
agravado. Tu enf ermita padece una eclamp-
sia; habrá quizá que provocar el parto, pero
te recomiendo eficazmente la traslades á la
facultad; allí estará bien atendida. El médi-
co que la ha de asistir es íntimo amigo; yo
la recomendaré : y estará mucho mejor que
aquí, créeme... (Asoma la Mariposa.) Adiós, chi-
co... ¡Valor!... (Mutis foro derecha. Maltrana se que-
da pensativo y la Mariposa que estaba escuchando sale
de puntillas y se coloca detrás de Maltrana.)
ESCENA IX
LA MARIPOSA y MALTRANA
Mar. (Llorando.) ¡Isidrín!... ¡Nieto de mi alma!...
Mal. (Abrazándola.) ¡Abuela!...
Mar. (Mirando á todos lados y hablando con mucho sentir.)
— Vd —
;Lo he oío to!... He visto á la probetica
Feli; pero tu abuela está en el mundo
para algo y aquí está á tu lao pa remediar
tus males con tos sus intereses...
Mal. ¡¡AbuelalL. ¡¡No me haga usted morir de
alegría!!... ¡¡Hable pronto!!...
Mar. (Muy en secreto.") ¡Ühist!... ¡Que nadie nos-
oiga!... Tú has oío decir que tu abuela tenía
un tesoro y, aunque á to el mundo se lo he
ocultao, ha llegao la ocasión de sacarlo y lo
saco...
Mal. ¡Abuela!... ¡Abuela, por Dios!...
MAR. (Tocándose en el pecho.) ¡Chist!... ¡Aquí está!....
¡Pero que nadie lo sepa!...
MAL. (Tratando de arrebatárselo.) ¡¡A ver!!... ¡¡A ver!!...
MAR. (Sacando un envoltorio del pecho.) Aquí hay Una
fortuna pa comprar medio Madrí... (lo desta-
pa nerviosamente.) ¡Mira!... Me ha costao toa la
vida reunirlo... Lo he ido recogiendo poco á
poco en la basura... ¡Como sirvo tantos años
agente tan prencipal!... ¡Mira!... ¡mira!... ¡To
pa ti!... ¡To pa mi nieto, pa que no pase pe-
nas ni sufra!... ¡Mira!... ¡miral... (pausa. Maitra-
na, al convencerse de que aquello que la Mariposa
tiene por tesoro, no es más que pedrería falsa y dorado
de bisutería sin ningún valor, sufre una decepción y
un aplanamiento moral más grande que antes. Mira
compasivamente á la vieja y después de la pausa.)
Mal. ¡Esto no vale un solo céntimo, abuela!...
Mar. (Extrañadísima.) ¡¡Qué es lo que dices!!...
Mal. Eso no vale nada; pero vale su deseo todo
lo que su fantasía concedía á ese tesoro ima-
ginario... ¡Guárdeselo, abuela!... ¡guárdese-
lo!...
Mar. ¡Pero tú deliras, Isidrín!...
Mal. Usted tenía un tesoro, es verdad... ¡sus sen-
timientos!... (Mutis primero derecha.)
Mar. ¡Qué bueno es, qué bueno!... ¡No quiere to-
. mar mi tesoro!... (Guardándolo.) ¡Tu abuela te
lo guardará pa ti, pa ti!... ¡Bendito seas!..^
(Mutis primero derecha. Aparece el señor Manolo.)
— 44 —
ESCENA X
MALTRANA y el SEÑOR MANOLO de luto
MAN. (Llamando á la puerta.) Isidro.
Mal. (saliendo.) Si tarda un poco más no me en-
cuentra; ahora voy á llevar á Feli al hos-
pital...
Man. (Enternecido.) ¡Valor, Isidro, valor!... Quisiera
ser rico pa remediar tus penas, pero ya lo
ves. He hecho lo que he podio y ahora, con
tó el dolor de mi alma, tengo que ver cómo
se desgarra la tuya sin poderla echar un mal
remiendo... ¡Cosas del cuarto Estado!...
Mal. Voy á llevarle ahora mismo, pero no qui-
siera que Feli le viera, podría afectarse y...
Man. No hables más. Toma estas dos pesetas úni-
cas que tengo y ya tienes pa una carrera de
coche hasta el hospital.
Mal. ¡La última carrera!
Man. ¡Quién sabe! Vaya, no te digo más porque
110 puedo. ¡Salud! (Mutis foro derecha muy despa-
cio, como emocionado profundamente.)
ESCENA XI
MALTRANA, La MARIPOSA, ZARRATUSTRA y El BOBO
Mar. (Abrazándole llorosa.) ¡Adiós, Isidrínl ¡Valor,
hijo mío, valor! (ai oído.) ¡Tu abuela te guar-
dará el tesoro para tí!
Zar. (Emocionado.) ¡Adiós, Isidro! ¡No te digo na!
¡eres hombre! (sentenciosamente.) La horda, los
pobres que la sociedá echa á puntapiés, le-
jos de sí, solo puen volver á su seno cuando
heridos de muerte por sus criminales despre-
cios, van á morir á sus hospitales... Solo
cuando nos han matao sienten compasión
por nosotros. ¡Adiós, Isidro! ¡Valor! (Mutis con
Mariposa y el Bobo.)
— 45
ESCENA XII
MALTRANA desesperado entra en la primera derecha volviendo á
salir en seguida dando el brazo á Feliciana que viste de riguroso
luto, con mantón. Feliciana, que está muy demacrada, sonríe triste-
mente, con sonrisa cien veces más amarga que el llanto. Maltrana
emocionadísimo
(Recitado sobre un pianísimo de orquesta, con un mo-
tivo del dúo del segundo cuadro.)
Mal. Iremos muy despacito hasta la Fuentecilla
y allí tomaremos un coche...
Fel. ¿Y para qué? Guarda el dinero para comer
tú... (Maquinalmente.) ¡Qué Erío!
Mal. ¡Vida mía! ¿Quieres mi. abrigo? Aguarda y
te lo echaré por los hombros...
FeI.. (Sin consentirlo é intentando sonreir.) No, tontito...
Yo VOy bien abrigada... (Volviéndose á mirar la
casa que deja.) ¡AdiÓS, mi Casita!
Mal. ¡Feli... por Dios! ¡Vamos poquito á poco!
Fel . Iremos muy despacito para tardar más á
separarnos... ¡No te voy á ver más!
Mal. ¡Feli de mi alma! ¡Oh, sociedad cruel! ¿Quién
te dio derecho para causar tantas víctimas?
¿Qué tribunal juzgará tus horribles delitos?
¡¡Maldita!! ¡¡Maldita seas!! (Telón.)
MUTACIÓN
CUADRO CUARTO
Decoración del primer cuadro. En el primero izquierda, que antes es-
taba ocupado por la miserable casuca de la Mariposa, hay ahora
un elegante y sencillo chalet. En la puerta, sentados en sillas, la
Mariposa, Antonia y Zarratustra, vestidos de riguroso luto y sin
andrajos, rodean una elegante cuna donde se supone duerme un
niño de pocos meses. La Borracha, Coleta y el Bobo, también de
luto y sin andrajos rodean la cuna.
— 46 —
ESCENA PRIMERA
LA MARIPOSA, ANTONIA, ZARRATUSTRA, LA BORRACHA, CO-
LETA y EL BOBO
Música
Ant.
los demás
Ant.
los demás
Ant.
LOS D3MÁS
Ant.
los demás
Ant.
los demás
Mar.
Bor.
Ant.
:Zar.
€ol.
Todos
Ant.
Los demás
¡Ea!
Mar.
Zar.
Bobo
€ol.
Ant.
¡Ea!
¡Ea!
¡Ea!
Duerme mucho, rico, duerme;
duérmete, que aquí estoy yo...
¡Ea! ¡ea! ¡ea!
Duerme con los angelitos
y con la Madre de Dios.
¡Ea!
¡Ea!
¡Ea!
Ya se ha dormido.
Ya se durmió.
No meter ruido,
¡chito! ¡chitón!...
Mira, qué cara,
que rico está...
Es el retrato
de su mamá...
(Menos An onia.)
Duerme mucho, rico, duerme;
duérmete, que aquí estoy yo¡..
¡Ea!... ¡Ea!... ¡Ea!... _
Duerme con los angelitos
y con la madre de Dios.
¡Ea!... ¡ea!... ¡ea!...
Hablado
¡Angelito mío!... ¡Duerme como un bendito!
¡Toa la carita de su madrel... ¡Criatura!...
¡Je, je!... ¡Bueno!
(por ei Bobo.) A ver si lo despiertas y te suelto
un capón.
Traga que es un gusto... Yaj?w¿ dormir, ya...
Ma dejao vacía de un tirón.
- 47 —
Bor. ¡Vaya un aguante de criatura! >
Mar. Y qué tié que ver eso. A mi biznieto hay que
darle toa la teta que quiera.
Zar . Como si se quiere mamar otra tanta.
Ant. Pues como no la pinte no sé cómo.
Mar . Bien que puedes, y con lo que comes, to co-
mida nueva.
•Col. Como que en esta casa ya no entra comida
de la busca. Así no come el chico micobrios.
Bobo ¡Je, je!... ¡Bueno!
Ant. Ya le costará to esto al señorito Isidro.
Mar . Pera to lo pué pagar, que bien ha mejorao
de posibles mi Sidrín.
Zar . Después que tuvo que ver morir á la pobre
Peli, sin poderla prestar ningún auxilio,
paece que to le salió bien, como si la sociedá
hubiera estao esperando á quitarle la felici-
dá del amor de su vida, pa empezar á darle
el pan que antes le negó.
Col. Hay pa hacer un desavío con la sociedá, ¿no
te paece, Bobo?
Bobü ¡Je, je!... ¡Bueno!
Bor. Allá vienen el señor Isidro y el señor Ma-
nolo.
Ant. Ya están acá.
ESCENA FINAL
DICHOS, MALTRANA y MANOLO, por la primera derecha, ambos
de luto riguroso; Maltrana elegantísimo, pero sencillo
Mar . ¡Mira, Sidrín, mira! Paece que te conoce.
Zar. En cuanto oyó que venías abrió los ojos.
Mal. (Arrodillándose junto á la cuna y besándole.) ¡Hijo
mío!
Man. (lo mismo.) ¡Hola, ciudadano sobrino!
Zar. Aquí lo tienes cuidao como un rey. Aunque
vive entre la horda, entre los pobres echaos
á patas por la sociedá del pogreso, se le cui-
da como aquellos saben cuidarse...
Mal. Vive entre la horda, pero de ella saldrá con
una poderosa fusta, para cruzar la cara de
los que mataron á su madre... ¡Tú la venga-
rás, hijo mío! (Lo besa.)
— 48 —
Man. Este ciudadano derrotará á los miserables
unitarios...
Zar. Pero no con el traje de peregrino, no pi-
diendo, no suplicando, sino tomándose de-
grado ó por fuerza lo que corresponde á toda
criatura de Dios.
MAL. (Sentenciosamente y como hablando con la criatura
después de darle un prolongado beso.) ¡Llegarás,,,
chiquitínl... Yo marcharé á gatas delante de
ti; abriré con mi lengua un camino en el
barro, para que avances sin ensuciarte. No
temas que caiga desalentado, que vuelva á
sentirme cobarde y te abandone como á la
pobre mártir. ¡Este amor que ahora nace ea^
de hierro!... ¡Ya soy otro!... ¡¡Soy... tu padre!!
"'l'.KLON
Obras de Dionisio Laguía
En do© actos
Savia de amor, comedia.
Rocambole, drama.
En un acto
La fiesta mayor, zarzuela cómico dramática en prosa
La fiesta del pueblo, ídem id.
Riñas y pnces, diálogo en prosa.
Achares, ídem id
Refrán antiguo, ídem id.
El teatro por dentro, (1) humorada cómico-lírica eu prosa y
verso.
El extranjero, zarzuela de costumbres castellanas en pros*
[Hay que ver! .. disparate cómico lírico en prosa y verso.
Alma bohemia, zarzuela en prosa y verso.
El milagro de San Primo, cuento baturro en prosa.
El cinturón Venus, entremés verde cómico-lírico en prosa.
La alborada del vivir, comedia lírica en prosa.
A mí no me mires iú, revista en prosa y verso.
Un criat recomanat, diálogo en valenciano y castellano.
La mujer y la ciencia, zarzuela en un acto y en prosa.
El alfeñique, (1) ídem id.
¡Sube Mariana, sube!, revista en un acto y en verso.
Aroma de romero, poema premiado.
Alma de gitana, zarzuela en verso y prosa.
Cap y cúa, saínete en prosa.
¡Ay que película, pelí!, revista cinematográfica en verso y
prosa.
El cuarto de hora, monólogo algo verde.
La horda, novela en acción y en prosa.
En prensa
Cantos populares, en verso.
(1) En colaboración.
precio: SH(J peseta